ESTORNINO
Voz: más sonora y
aguda que la del Pinto; un siiuu notablemente
silbante ( Roger Tory Peterson & Guy Mountfort & P.A.D. Hollom: Guía de campo de las aves de España y de
Europa. Ediciones Omega. 1995. Cuarta reimpresión 2006.)
Encendió el ordenador y buscó imágenes de estorninos.
En youtube encontró un vídeo que le mostraba los extraordinarios movimientos de
las bandadas de estos pájaros, que al atardecer, sobre los campos de la feliz Inglaterra,
forman nubes airadas e impredecibles. Movimientos tubulares que
acabaría por saber que se conocen como "murmuraciones". Acompañaba al
vídeo una pieza musical, el apócrifo Adagio de Albinoni, así que los estorninos parecían danzar con
estudiada y decadente sensualidad para la cámara. Estaba pensado
en eso, en que, quizá, hubiera una intención oculta en los pájaros, un
exhibicionismo natural y libre, cuando se le ocurrió que en realidad estaban
imitando las fluctuaciones de nuestra imaginación. La danza de los estorninos
era la imagen que de nuestra imaginación la naturaleza proyectaba sobre los
campos, inasible y volátil, ligera y oscura, dirigiéndose a ningún lado y siempre
a un lugar seguro dentro de nosotros mismos. Volvió a dar al play y observó con
detenimiento los perfectos límites del bando de aves y buscando otra
analogía se percató que, desde la distancia, la bandada se comportaba como el humo del tabaco,
solo el humo de las hojas del tabaco oscila con iguales ondulaciones. La
comparación le pareció divertida, no carente de subjetividad, un hallazgo como
otro cualquiera. Con estas cosas fue pasando la tarde, hasta que cansado de
mirar la pantalla, se levantó y salió a la terraza del piso y vio como, a lo
lejos, sorteando el paisaje de bloques de cemento y antenas, una cigüeña blanca avanzaba
lentamente hacia poniente.