lunes, 24 de febrero de 2014

 VOLVER 

 mas polvo enamorado




Un golpe feraz que el viento arroja,
en círculos de luz, polvo ardiente,
enajenada ceniza:

restos durmientes que danza extinta,
en el halo frágil y silencioso
de la luna fluente, desordena.

Amor, soplo que sin ser
iluminas y eclipsas,
sentirse quisieras, fascinarse entonces,
girar con fingido cuidado

de la balsa torpe y pestilente los remos,
por la coreografía ya fugaz
y dispersa

y arribar a esta orilla.

domingo, 23 de febrero de 2014

SEPTIEMBRE



Amarrado, a la sombra
de un circo decrépito,
el pony  tiene unos ojos negrísimos
y cansados, quizá, por el viaje furtivo a vastas praderas
al que le impulsan los genes
de bestia indómita
que fuera algún ancestro.

Lo observo
y a mi lado a un padre un hijo pregunta: ¿está triste?

Sí, envejece, los ojos le delatan,
vuelve de la infancia del mundo.


                                 Del 2002, circa, en Moraleja

2. Emily Dickinson

   ¿Qué leer?,- como la revista - una tarde cualquiera, a cualquier hora, mientras esperas...

          El viento comenzó a mecer la hierba, editado por Nórdica con ilustraciones de un prometedor Kike de la Rubia -ver web- apareció en los estantes de la librería de El Corte Inglés de Badajoz. Lo leí en la cafetería del último piso hace un par de semanas; lo releí de nuevo en casa, esta tarde de domingo soleado, esperando la lluvia que se avecina a la noche. Es una corta selección bilingüe de los poemas de  E. Dickinson.

          Me siento contento y extraviado con esta lectura- ese es el sentimiento que me ha dejado también otras veces esta poeta. Tengo la sensación de invadir una intimidad familiar y sosegada que recorre el campo, la casa, las flores, el alma, el amor, la muerte asumida, como quien, cogido de la mano, aprende secretamente de la vastedad de lo efímero y la cercanía de lo extraño.

         El enigma de Dickinson: no esperar nada.
     
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Yo no soy nadie. ¿Quién eres tú?
¿También tú no eres nadie?
¡Entonces ya somos dos!
¡No lo digas! Lo pregonarían, ya sabes.

¡Qué aburrido ser alguien!
¡Qué ordinario! Estar diciendo tu nombre,
como una rana, todo el mes de junio,
a una charca que te contempla.

                                  Trad. de Enrique Goicolea

            288

I´m Nobody! Who are you?
Are you - Nobody - Too?
Then there´s a pair of us!
Don't tell! they´d advertise - you know!

How dreary - to be - Somebody!
How public - like a Frog -
To tell one´s name - the livelong June -
To an admiring Bog!




sábado, 22 de febrero de 2014

         Escuela


    Los chicos de este lugar son altos y huesudos,
    los ha bruñido el sol y el aire.
    Los chicos de este lugar se balancean con arrogante desidia,
   que les nace de los pómulos y de los ojos aún claros.
   No les muerde la timidez y ansiosos
   olfatean el sexo virgen  de las chicas que pasan.
   Hablan, blasfeman, se retuercen y dan puños
   entre risas e injurias. Son más hombres.
   Los hombres de este lugar les alientan los pasos,
   aunque carecen del feliz sentido
   de la amistad.
   Las estrías de la piel muestran el tiempo,
   mientras mastican la vida...
   apostados en la barra, sonríen y beben,
   comentan nosotros también éramos así,

   arrogantes, finos, listos como linces...

                                                 (del 2003, o por ahí)
                                                                                                               A Juan José Ovejeros y a Bienvenido Martín

Yo crecí en Moraleja, en donde he vivido hasta hace poco, aunque de forma intermitente. Si pienso en la lectura, como quiero hacer en este blog, pienso en la supervivencia del lector; aún recuerdo cuando, por contribución popular, se inventó la biblioteca pública. La visité mucho. Conocí todos sus estantes y las posibilidades que estos, en aquella edad, me daban: Ásterix, Tintín, Los Cinco, la colección de Alfaguara... y los libros de naturaleza, que eran mis preferidos. Iba cada dos o tres tardes, después de escuela, y regresaba a casa con un ejemplar, que aquella misma noche leía. 

Esa "época" feliz de lector ligero, digamos, fue la segunda etapa de mi iniciación; pero la primera etapa por dónde cae. Hace no mucho, fondeando en este tema, pensé en qué libros podrían haber marcado mis comienzos en esta afición -sic-. Moraleja no era un lugar inhóspito culturalmente, era simplemente pobre. Había una librería, Bursan (Búrdalo&Sánchez), pero estaba poco provista y, claro, no había dinero. El estímulo de  los cómics de DC o Marvel era un espejismo cuyo horizonte elástico lo marcaba el escaparate. De todas formas no lo recuerdo como algo que anheláramos, pasábamos por allí, mirábamos, "pedíamos" y seguíamos jugando por las calles. Ese pasado no se presenta ni siquiera nostálgico, sino muy activo, solar. Los chicos de allí, al menos mis amigos, no se preocupaban mucho del tema, había balones y bastaba. Pero la imaginación quiere espacios y hogueras que la alimenten, y tras regresar a casa, hacer los deberes (entonces escasos) y cenar, volvíamos a la lectura.

Por ese camino de la imaginación, que entonces era un sueño de conocimientos, me he remontado un poco más allá, y si la calle no era lugar para libros, no sé qué decir de la escuela. 3º, 4º, 5º de EGB: Enseñanza General Básica. La disciplina férrea de doña Chelo, por quien sentíamos miedo y rebelión, pues tenía una mano de olivo dura y fría; y una voz cortante y cuando, cada mañana, en la escuela pública nos hacía rezar el Padre Nuestro, el hágase tu voluntad era de una implacable y turbia ironía, que nos hacía desear que la mañana acabase pronto. No obstante, le debo mucho al gobierno de doña Chelo  y debo reconocer que por mí y por mis hermanos, tranquilos y aplicados, sentía predilección. 

El curso de 3º y 4º lo hicimos en las "seras" - hasta tiempo después no descubrí que eran "las eras". 5º en "La fragua", un casa que años antes había servido de fragua y más tarde de gimnasio. Más de un carácter se forjó allí. El orden y mando de doña Chelo dejaba poco margen para lo lúdico y el esparcimiento, y no alcanzo a recordar ningún momento literario, vagamente poemas a la encina o a la patrona, la Virgen de la Vega, por mayo. Por el contrario, sí recuerdo el dogma de la lectura: Sacar el libro y a leer. "¡Raúl Recio, lee en voz alta!", y todos sabíamos que el pobre Raúl o Chema o Álvaro o Sonia cobraban con seguridad, así que metíamos la nariz en aquel libro que habíamos sacado de nuestras mochilas con síndrome de urgencia, y no perdíamos pista de por dónde iba la atlética y militar lectura .

Es posible que esa sea la primera etapa de mi descubrimiento. Agazapado, tras la voz atemorizada de mis compañeros, yo caí en la palabra, encontré un camino distinto, una fuga de Alcatraz, silenciosa, solitaria, urdida a escondillas de la maestra. Los libros de lectura eran los Senda, de la editorial Santillana, que aún guardamos.

Si trazo un mapa de etapas de mi aficción a los libros, éste es mi primer estadio consciente. Hay una etapa primigenia, una semilla, que desgranaré en otro post, otro día quizá.

viernes, 21 de febrero de 2014

1. Galería de Fantasmas, Juan Luis Panero


Unas semanas después de enterarme, por El País, de la muerte de Juan Luis Panero el 18 de septiembre del pasado año, fui a la librería Colón y compré Galería de Fantasmas, la reedición que la editorial Visor ha hecho del que fue el primer premio Loewe - otros tiempos -. Lo he leído estos días lluviosos de febrero. Mi homenaje a quien, poeta de la decadencia, descansa en paz.

El éter del alcohol, el tiempo que trasciende la esencia de cada poema, la voz en la sombra, la luz vidriada de esta galería nos ha dejado un regusto de sinceridad: los "fantasmas" nos visitaron, y nos hicieron compañía.



Imágenes de un otoño

Allí,
en aquel destartalado apartamento
para veraneantes -pasado el verano-
en octubre, en aquel octubre antipático y frío,
llegaste tú y aquellos poemas,
la amarga lucidez de unas palabras,
humo en la chimenea, temblor de la tramontana.

Lejos de allí,
muy lejos -años después-
recorro sus destempladas habitaciones,
los despintados muros, quebrados cristales,
tanta desolación, pasión tan solitaria,
buscando la salida, borrar de la memoria sus paredes.

Sin embargo, de alguna forma, sigo allí,
y no puedo salir
mientras tú regresas, otra vez, sonriendo
con los labios fríos, mirándome con los ojos cerrados,
fantasmas abrazados, besándonos y odiándonos,
tras la puerta cerrada, frente al fuego,
fúnebres despojos, desoladas imágenes de entonces.