domingo, 23 de febrero de 2014

SEPTIEMBRE



Amarrado, a la sombra
de un circo decrépito,
el pony  tiene unos ojos negrísimos
y cansados, quizá, por el viaje furtivo a vastas praderas
al que le impulsan los genes
de bestia indómita
que fuera algún ancestro.

Lo observo
y a mi lado a un padre un hijo pregunta: ¿está triste?

Sí, envejece, los ojos le delatan,
vuelve de la infancia del mundo.


                                 Del 2002, circa, en Moraleja

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