SEPTIEMBRE
Amarrado, a la sombra
de un circo decrépito,
el pony tiene unos
ojos negrísimos
y cansados, quizá, por el viaje furtivo a vastas praderas
al que le impulsan los genes
de bestia indómita
de bestia indómita
que fuera algún ancestro.
Lo observo
y a mi lado a un padre un hijo pregunta: ¿está triste?
Sí, envejece, los ojos le delatan,
vuelve de la infancia del mundo.Del 2002, circa, en Moraleja
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