30 segundos detenido en el semáforo. Pero ese
tiempo jamás existió. Se detuvo y siguió adelante. Regresaba a casa
después de una noche sin incidentes en la clínica, recreándose en la timidez de
las primeras luces. Ya tenía todo organizado, cuando llegara al piso y durmiera
un poco... Una semana contante y sonante para sí mismo. Solo él. La
primavera estaba respirando por todas partes y aunque, aún hacía algo de frío,
el buen tiempo lo acompañaría. Había alquilado una pequeña casa rural a las
afueras de un pueblo de montaña. La conocía del pasado año. Un olor a madera de
roble verde, a helecho, a musgo, no sabe, un olor dulce, sordo, que en la
ciudad no existe. Una sonrisa le floreció por dentro. Regresaba al hogar.
No hay comentarios:
Publicar un comentario