NIRVANA
With the light out, it's less dangerous
Here we are now, entertain us
Kurt
Cobain. 8 de abril. 20 años. A Moraleja apenas llegaba la radio, excepto La Ser
y Radio Nacional; los 40 o frecuencias así eran un accidente. Difícil saber qué
se cocía por ahí. Además, excepto mi hermano, que aprendía a tocar la guitarra,
ninguno de mis amigos tenía especial interés por la música, de ningún tipo.
Escribo
este post para recordar el día que escuché por primera vez Smells like teen spirit. Fue en Covilha, en
Portugal, durante un intercambio escolar con el instituto. Tras los campeonatos
deportivos, la comida de convivencia, etc., nos dieron unas horas libres antes
de regresar. Una chica, llamada Carla, me preguntó si quería ir con ella a una
discoteca. Nos montamos en su moto de cross y subimos y bajamos, a toda
velocidad, las empinadas calles de Covilha. Llegamos a la discoteca Nº 1 - creo
recordar que así se llamaba. Llevado de aquí para allá, por mi enérgica amiga,
pedimos algo en la barra y nos metimos en la pista de baile. Tenía 16 años. La
gente saltaba, bailaba, se empujaba, chillaba y ... era frenético. Cuando sonó Smells
la pista fue un torbellino. Es Nirvana - me dijo Carla.
No se
me quitó de la cabeza y a los pocos días vi en TVE el vídeo. La canción
arrancaba con un riff feroz e inquietante, para agazaparse luego, contenida, por el bajo de Novoselic y la batería de Grohl , y
volvía a romper con la fuerza visual del desgarro Here we are now, entertain us
de la voz de Cobain.
Un par
de meses después visitamos la Barcelona preolímpica. Un viaje de fin de curso,
como todos, los de entonces. El último destino fue Andorra. Compré el casete en
Andorra la Vella. Nevermind. Sí importa, ahora. Aquel viaje de vuelta, con la
inconsciencia y la pasión del adolescente, intenté que mis compañeros de
autobús escucharan la cinta en los walkmans.
En Now
is the hour ( Ahora es el momento ), Tom Spanbauer cuenta la historia de Rigby
John Klusener, un adolescente de 17 años que quiere abandonar los campos de
siembra de Idaho y marchar a San Francisco. Purple Haze, de Hendrix, es el
acicate para salir de una vez por todas del ambiente opresivo de su pueblo y de
su familia. Así que un día decide largarse y leemos cómo éste marcha por una
carretera, optimista Purple Haze was in my brain, / lately things don't seem
the same, hacia San Francisco. No sabremos más de él, pero lo consiga o no,
Rigby John Klusener había logrado mucho antes zafarse, por los punteos
psicodélicos de Hendrix, de aquella realidad mediocre.
Una canción
o un poema pueden abrirle un espacio nuevo a la realidad, quizá como un
espejismo, aunque los espejismos también reconfortan al sediento.
Es éste
un mínimo recuerdo/homenaje a Kurt Cobain, quien alguna vez se quejó de que el público
no lo entendía. Quizá. A él se lo llevó el dolor, la depresión y las drogas. Le
hizo una brecha a la Generación X.
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