CHARIS
Él la vio. Una emoción
desbordante anuló sus actos y su pensamiento. Con
extrema delicadeza ella recogía los libros, y se puso en pie con un movimiento
sigiloso retirando cuidadosamente la silla, por no hacer ruido, y se marchó. Cuando
hubo llegado a la puerta de cristal, una irradiación blanca y lima la inscribió
en un círculo de luz. Él no se
movió ni un ápice y la persiguió con la mente.
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