domingo, 23 de marzo de 2014

CHARIS


 Él la vio. Una emoción desbordante anuló sus actos y su pensamiento. Con extrema delicadeza ella recogía los libros, y se puso en pie con un movimiento sigiloso retirando cuidadosamente la silla, por no hacer ruido, y se marchó. Cuando hubo llegado a la puerta de cristal, una irradiación blanca y lima la inscribió en un círculo de luz. Él no se movió ni un ápice y la persiguió con la mente.

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