viernes, 28 de marzo de 2014

PERSONAE


        Desde que lo conoció, hace más de doce años, había sentido un inexplicable rencor hacia su amigo. Un rencor amargo y viscoso. El germen de esta aversión radicaba en el cariz que cada acto o cada palabra adquiría en aquel: todo cuanto hiciese o cuanto dijera parecía no extinguirse jamás, como un eco infinito. Culto, irónico, reputado en su profesión. Los más insignificantes detalles de su indumentaria también eran objeto de envidia: una corbata, unos zapatos... Pero lo seguía siempre, pues cualquier opinión, cualquier idea le resultaba brillante y genuina. Era él, el éxito, con mayúsculas: É-X-I-T-O. ¿Éxito?, ¿se puede saber realmente el significado de esa palabra? Tanto tiempo juntos y no quiso darse cuenta de que su amigo lo apreciaba de verdad. Servicial, siempre dispuesto, alegre y ahora, mírate, llorando, no sabe si podrás acabar esta indigna necrológica.

No hay comentarios:

Publicar un comentario