DISTRACCIÓN
“Para poder escribir bien sobre un asunto,
uno debe haber dejado de estar interesado en
él”
F. Schlegel
El auditorio
estaba ya acomodado y permanecía en silencio. Los trámites de la presentación
se habían demorado en méritos y lisonjas, pero al fin le llegó el turno. Para
esta intervención había decidido variar ligeramente el programa e incidir en un tema sobre el que llevaba trabajando varios meses. Con vocación
pedagógica, dada la aparente sequedad expositiva que demandaba la ponencia,
quiso darle un punto de entusiasmo. Quizá se notase. En un momento,
pasó a escuchar su propia voz y presintió que controlaba los hilos y que las
palabras se sostenían en sus anclajes y danzaban como ágiles marionetas. Cuanto
decía surcaba la memoria como una corriente líquida y se sentía liviano. Miró, con atrevimiento, al público, a quien
percibió como una sombra insólita sobre una mancha de grana y, en un desliz, su
pensamiento le trajo imágenes de abejas sobre las que tardó en reaccionar.
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