GEOMETRÍA
El día había amanecido emborrascado. Sintió intranquilidad.
Por el noroeste amenazaba un imponente y retorcido nimbo de plomo. Miró afuera
y, a pesar de la ausencia de luz, divisó un cerezo de florecillas irreales. Con
el dedo índice recorrió el contorno del marco que delimitaba el cristal de la
ventana y, en el vaho, quedó dibujada una línea
de un centímetro de grosor. La brisa, de repente, se hizo más fuerte y
sintió la yema en la superficie fría y húmeda del cristal. Se estremeció el
cielo, y cayó granizo.
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