martes, 25 de marzo de 2014

GEOMETRÍA



        El día había amanecido emborrascado. Sintió intranquilidad. Por el noroeste amenazaba un imponente y retorcido nimbo de plomo. Miró afuera y, a pesar de la ausencia de luz, divisó un cerezo de florecillas irreales. Con el dedo índice recorrió el contorno del marco que delimitaba el cristal de la ventana y, en el vaho, quedó dibujada una línea  de un centímetro de grosor. La brisa, de repente, se hizo más fuerte y sintió la yema en la superficie fría y húmeda del cristal. Se estremeció el cielo, y cayó granizo.

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