EL DÍA DE LA ESFINGE
El hijo de Layo ascendía las cuestas del monte Ficio. La
sed le secaba la lengua y los labios y los pies le quemaban. El sol abrasador
se alzaba sobre él y como un cíclope de fuego le escupía un mal augurio. Cuando
por fin alcanzó la cima, divisó a lo lejos las murallas de la antigua ciudad de
Tebas. Y la vio. Ella lo esperaba con los ojos encendidos. ¡Has tardado, joven
príncipe! Edipo tomó aire y apretó fuerte el hierro de su espada. ¿Conoces
el acertijo? Sí, bella hija de la perra. Tres son los pasos que da el hombre: de
niño juega, libre de leyes; de adulto, ansioso de riqueza y poder, engaña y especula; y de anciano, débil y torpe,
aconseja y adoctrina. Entonces, cuando aún salía de su boca la voz, una zarpa le desgarró el cuello y cayó fulminado al suelo, como un saco de arpillera.
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